¿QUÉ PRETENDE ESTADOS UNIDOS EN MEDIO ORIENTE EN EL SIGLO XXI?

Está pregunta ha sido difícil de responder desde que en junio de 2014 el Estado Islámico, inicialmente menospreciado olímpicamente por Obama, tomó la ciudad de Mosul, la segunda en importancia de Iraq después de la capital Bagdad. Una ciudad de más de un millón de habitantes donde no solo tomó control e impuso La Sharia, sino que además se preocupó de organizar las servicios mejorar vías y organizar una autoridad local en todos los órdenes.

Quedó claro que la creación del nuevo Califato en Mosul no era una estrategia terrorista puntual sino que se trataba efectivamente de reinstalar un Estado en los términos que prescribe Mahoma en el siglo VII. El crecimiento exponencial del Estado Islámico, sus múltiples franquicias en Asia, África, Medio Oriente y recientemente en el Cáucaso demuestran un fortalecimiento sistemático amplificado por la reciente toma de Ramadi y Palmira.

Pero intentar responder la pregunta inicial: ¿qué pretende hoy Estados Unidos de Medio Oriente?, sigue resultando un acertijo de variedad de probables respuestas, cada una más intrigante que la otra.

Los elementos con los que contamos para intentar dar una respuesta atraviesan por los indicadores explícitos que se han presentado los últimos meses. Por un lado está la nueva estrategia global de Obama que reniega del envío de tropas al extranjero y ha procurado su retorno a casa de donde estuvieren desplegadas en combate. Ha modificado su incidencia militar global al entrenamiento  de combatientes locales, al uso de drones y a la dotación de armamento a sus aliados de coyuntura. Una causa para ello puede ser la impagable deuda pública de 18150 trillones de dólares que ha crecido en más de 3 billones de dólares cada día durante el gobierno de Obama. Otra causa innegable y evidente es la multipolaridad del poder global, la que ha provocado el resquebrajamiento de la hegemonía de las instituciones de post guerra que santifican la hegemonía norteamericana en el mundo, que para muchos ya ha derivado en el progresivo retiro de Estados Unidos del escenario global no solo en el plano militar, sino también en los planos financiero, institucional; y, por sobre todo, su representación como defensor de la Democracia como el mejor modelo político para alumbrar el futuro del planeta.

El eclipsamiento del imperio norteamericano viene acompañado de una serie de evidencias contundentes, solo para señalar algunas: La invasión rusa a Ucrania, la actual amenaza rusa sobre los estados bálticos, la guerra civil en Siria, la evolución hacia estados fracasados de los países invadidos como Libia e Iraq, la proliferación de conflictos atizados por grupos armados iraníes en Yemen, Palestina, Líbano y Jordania, la incapacidad de acción efectiva sobre el Estado Islámico, el acuerdo nuclear con Irán en términos vergonzosos, la creación del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, la creación de islas y la imposición china en el Mar del Sur de China, el abandono del protectorado a sus aliados históricos como Israel y Arabia Saudita…. la lista puede seguir más y más extensa, por no hablar de la situación interna de Estados Unidos y la aguda pauperización de la clase media, el desempleo y de los servicios públicos.

Quienes como yo, que rondamos los 50 años de edad, hemos estado acostumbrados desde que tenemos uso de razón a mirar a USA hacer y deshacer a su conveniencia en el mundo, aún en tiempos de guerra fría, más aún estando en su patio trasero. Es de suponer que el estado de cosas actual se nos supone profundamente incomprensible y que cuesta redibujar el mapa global a la luz de estos hechos. Es difícil imaginarse unos Estados Unidos en retirada global, tratando de dedicar sus pocos recursos a sacar a flote la crítica condición interna.

Si aceptamos esta hipótesis como cierta, es decir, que Estados Unidos está más preocupado de solucionar sus conflictos internos que los globales porque su músculo económico se ha visto mermado grandemente y su modelo político ha entrado en crisis, quizás desde ese punto de vista sea posible una mejor comprensión de lo que Estados Unidos pretende de Medio Oriente.

Medio Oriente ha sido de gran importancia para Estados Unidos debido a la necesidad de garantizar un flujo de petróleo constante y a precios razonables para su industria y satisfacer el consumo nacional. ¿Qué sucede si esa necesidad desaparece?, ¿cuál es el nivel adecuado de involucramiento de Estados Unidos en los conflictos de Medio Oriente si ya no representa esa fuente estratégica? Allí es donde se empieza a encontrar congruencia entre la práctica norteamericana y sus intereses.

El hecho es que el fracking, el método de explotación de combustibles en los depósitos de esquisto, ya sea en forma de gas o hidrocarburo, ya es una realidad luego de décadas de que el petrolero George Mitchell venía bregando por encontrar una forma rentable de explotarlo. Esta explotación es complicada, altamente costosa y contaminante, debido a que se trata de fracturar inmensos depósitos de piedras que yacen a alrededor de 3 kilómetros bajo tierra, dichas piedras tienen mínimas rajaduras de menos de un milímetro de grosor en las cuales se aloja ya sea el gas o el hidrocarburo. Para poder explotarlas Mitchell diseñó un sistema de perforación horizontal que inyecta a presión gran cantidad de agua mezclada con químicos y arena, todo lo cual reduce a polvo las piedras y separa el combustible.

Estados Unidos tiene las reservas probadas más grandes de todo el planeta de esta fuente de explotación hidrocarburífera. Hoy Estados Unidos es potencialmente autónomo en la provisión de combustibles, por primera vez en su historia a roto esa dependencia que los hacía tan frágil y que condicionó durante décadas sus estrategias geopolíticas y sus alineamientos con otros países.

La principal limitación que enfrenta el fracking es que su costo de producción es de $ 65 dólares por barril de petróleo, es por esa razón que podemos estar seguros de que el precio del petróleo va a rondar entre 50 y 60 dólares por barril, a fin de desincentivar la explotación por fracking y así logra Medio Oriente mantener la demanda global de su petróleo. Por otro lado, a pesar de lo altamente contaminante para el medio ambiente que resulta el fracking, éste está reemplazando al carbón como fuente energética nacional en USA, lo cual tiene muchos adherentes, ya que los hidrocarburos arrojan menos contaminación al medio ambiente que el carbón.

Desde allí se puede comprender el pobre involucramiento norteamericano en los agudos conflictos de Medio Oriente y el norte de África, que están a punto de convertir a toda la región en una inmensa zona de guerra. De igual manera, y siendo un tanto especulador, se podría comprender que una y otra vez el Estado Islámico termine apoderándose de ingentes dotaciones militares norteamericanas una vez entregadas al ejército iraquí, la última de gran envergadura hace un par de meses en la caída de Ramadi a apenas 100 kilómetros de Bagdad y capital de la provincia de Anbar, que es donde se produjo el mayor número de bajas norteamericanas durante la invasión a Iraq. Es público que el principal equipamiento militar del Estado Islámico es norteamericano, desde la desbandada inicial del ejército iraquí.

Si este planteamiento es cierto, todo empieza tomar mayor coherencia: a Estados Unidos no le interesa la paz en Medio Oriente, pues ello jamás le permitiría extraer sus hidrocarburos mediante el costoso fracking y se vería sujeto a la dependencia de combustibles extranjeros.

Entonces, la pregunta inicial puede ya ser respondida: Estados Unidos quiere un Medio Oriente convulsionado, en guerra permanente que le permita explotar sus propios recursos hidrocarburíferos, reduciendo personal militar en zonas de combate, reduciendo bajas militares, reduciendo sus ingentes gastos militares y precautelando el crecimiento del altísimo déficit (la guerra con Iraq se seguirá pagando mediante bonos hasta el año 2053 por ejemplo), ganando autonomía energética y geopolítica, reduciendo la salida de capitales del país y quebrando la producción de carbón interna altamente contaminante.

Siguiendo con una línea especulativa, podríamos insertar en este marco explicativo el acuerdo nuclear con Irán, especialmente ese acuerdo tan malo para el mundo y tan ventajoso para Irán que le permitió violar las pautas iniciales mismas con las que fue concebido: enviar al exterior (Rusia) la mayor parte del uranio enriquecido y permitir visitas intempestivas de los inspectores nucleares. Ambas premisas fueron borradas de un plumazo: Irán mantendrá a su cargo el uranio enriquecido que posee y cualquier inspección requerirá de 25 días de aviso antes de que pongan su pies en territorio iraní los inspectores. Si alguien sospechaba que el acuerdo iba a ser malo, nadie pudo imaginarse que el acuerdo iba a ser una licencia para que Irán fabrique la bomba, tal y cual lo hizo Corea del Norte luego de engañar al mundo desde 1994 hasta 2002.

Entonces, si esta línea de análisis tiene sindéresis con la explicado, la luz verde a un Irán chiíta atómico, cosa absolutamente inviable para Arabia Saudita sunita y para Israel, es una provocación al conflicto nuclear en Medio Oriente, cosa muy altamente viable en el contexto actual. Una nueva pregunta: ¿por qué Estados Unidos podría desear esto? Simple y brutal: una exposición atómica tipo Chernobyl en la Península arábiga dejaría gran cantidad de yacimientos petroleros imposibilitados de ser explotados, viéndose mermada grandemente la producción petrolera global, lo que subiría los precios del petróleo a niveles exorbitantes y permitiría sentar grandes inversiones norteamericanas en el fracking de manera estable y segura desde la certeza de que nada va a cambiar los precios del petróleo súbitamente y esas inversiones van a ser rentables por décadas.

Claro, es apenas una especulación, pero creo que un escenario tan terrible amerita analizar quien se beneficia y quien pierde y sopesar las acciones ejecutadas hasta el momento hacia donde apuntan. Por otro lado, un gran perdedor de este escenario es China, la potencia económica llamada a desplazar a Estados Unidos del protagonismo global, dada su altísima dependencia de los hidrocarburos importados principalmente desde Medio Oriente..

Jorge Alvear

Sociólogo

EL ESTADO ISLÁMICO, OBAMA Y EL GOLF

Un lento, cansino, incluso irritante Barack Obama piensa, vacila, pero no actúa. En lugar de ello, prefiere ir a jugar golf, dejando al país, al mundo en ascuas. Estados Unidos entero, su prensa, lo crucifican y acaban con él, porque no se explican sus prioridades. El hecho es que luego de la rueda de prensa reconociendo la legitimidad del vídeo difundido por E I (Estado Islámico) en el que en un acto cinematográfico se muestra la decapitación del periodista norteamericano James Foley, Obama salió directo al campo de golf.

Luego Obama reconoció que fue un error, pero no sería la única vez que sucedería algo similar. Mientras en una tétrica y teatralizada acción real, el Estado Islámico degüella a 21 egipcios cristianos coptos a orillas del Mediterráneo, ese día Obama está muy divertido jugando golf en Palm Springs, California: fue una de las 143 veces que ha abandonado sus funciones para ir a jugar golf desde que inició su mandato. Hasta el Papa cuestionó a Obama.

Este pasaje suena atroz, incomprensible y, por lo menos, resulta desconcertante al tratarse del mandatario de la primera potencia del globo. Es claramente peor que la ausencia de sorpresa de George W. Bush cuando está en esa remota aula escolar con niños y es informado del ataque a las torres gemelas aquel once de septiembre.

Origen del Estado Islámico (E I)

El mundo empieza a mirar seriamente al Estado Islámico en junio de 2014, cuando aparentemente de manera no previsible para Occidente, toma Mosul, la segunda ciudad de Irak, con más de un millón de habitantes y al día siguiente Tikrit, la emblemática ciudad de nacimiento de Saddam Hussein. Estos hechos cambian la perspectiva sobre el Estado Islámico ya que, con estas tomas, maneja enclaves muy importantes, lo cual le otorga otro status: ahora es la autoridad local e impone La Sharia en Mosul y Tikrit, ejecuta musulmanes chiítas y de otras tendencias, mientras que a los cristianos les da la opción de aceptar la nueva autoridad y pagar impuestos; además recolecta gran cantidad de armamento del ejército iraquí, el cual le fue previamente entregado por Estados Unidos como parte de la estrategia de salida de Iraq.

En estos nueve meses, el Estado Islámico ha tomado otras ciudades importantes y controlado un territorio de 200.000 kilómetros cuadrados, apenas un poco menos que Inglaterra o Ecuador; manejan presupuesto aproximado de 2.300 millones de dólares, sus militantes fluctúan entre 30 y 50 mil hombres y en su territorio viven alrededor de 6 millones de personas.

El origen del Estado Islámico está en la organización Jama’at al-Tawhidwal-Yihad (Grupo de Monoteísmo y Yihad) o JTJ, fundada en 1999 por Abu Musab al-Zarqawi, un jordano residente en Irak, quien forma este grupo suní radical con el fin de derrocar al gobierno jordano.

Para 2003, USA invade Irak, a lo cual en junio del 2004 Al-Zarqawi responde aliándose a Al Qaeda, jura fidelidad a Osama Bin Laden y se convierte en Al Qaeda en Irak, cambiando el nombre de su organización a Tanzim Qaidat al-Yihad fi Bilad al-Rafidayn, que significa “Organización Base de la Yihad en la Tierra de los Dos Ríos”. Uno de sus altos militantes, Abu Bakr al-Baghdadi, fue hecho prisionero en 2004 y confinado en el campo de prisioneros “Camp Bucca “en donde aparentemente permaneció durante 4 años.

En el año 2011, USA retira sus últimas tropas de Irak; para entonces el régimen chiíta de Nuri al-Maliki ya depuró el ejército, extirpando de él al personal chiíta en un proceso llevado a cabo desde el 2006. Este contexto deja el terreno abierto para la guerra civil en Irak. Para ese entonces el movimiento de Al-Zarqawi seguía creciendo y ya se autodefinía como “Estado Islámico de Irak”.

La evolución de los conflictos en Medio Oriente en torno a la Primavera Árabe, en contra de los dictadores de la región, cambió el escenario para Al Qaeda y su brazo en Irak. Al-Zarqawi ordena en octubre 2013 desbandar el “Estado Islámico de Irak” y que sus hombres se integren al Frente Al-Nusra en Siria, un grupo rebelde en lucha contra el régimen de Bashar Al-Assad. Aquí aparece Al-Baghdadi, quien se niega a ello, rompe con Al Qaeda y se decide con su movimiento a crear un Califato en esa región. Allí nace formalmente el denominado en inglés ISIL o ISIS, cuyas siglas corresponden a “Estado Islámico de Irak y Levante” o “Estado Islámico de Irak y Siria”.

Lo que representa el Estado Islámico (E I) para el mundo musulmán.

Hay un hecho que en Occidente ha pasado casi desapercibido, pero que es rescatado en un gran artículo de Graeme Wood escrito en “The Atlantic” en marzo pasado. Wood realiza un estupendo trabajo que vale la pena leer completo[1] retomando aspectos internos del Islam y que explican parte de los comportamientos del Estado Islámico y de las reacciones en el mundo Islámico ante su presencia.

Tomaré algunas ideas de este extenso artículo para profundizar en la lógica islamista y comprender mejor las acciones del E I. De acuerdo a las tradiciones musulmanas más conservadoras, el 3 de marzo de 1.923 (exactamente 92 años al día que escribo este texto) en que Mustafa Kemal Ataturk, el gran padre de la República de Turquía, mediante votación de la Asamblea, sentenció la desaparición del Califato Otomano y selló el destino de su nación enfilándola hacia Occidente, suprimiendo el uso del alfabeto árabe y utilizando a partir de allí el abecedario occidental.

Para el mundo musulmán este hecho no tiene precedentes, pues desde los tiempos de Mahoma (S. VII) siempre existió un Califa y siempre un Califato; incluso hubo varios paralelos que rivalizaban en legitimidad e importancia ¿Por qué son importantes un Califa y un Califato para el mundo Islámico? La respuesta es contundente y explica porqué Ataturk, un hombre formado en Europa y cuyo Palacio de Dolmabahce tiene corte europeo y es uno de los más hermosos que existen, tomó la opción de abolir el Califato Otomano.

En un Califato, la máxima autoridad es el Califa, quien es a la vez la autoridad política y religiosa. Se trata de un Estado confesional musulmán, donde la ley que se aplica es La Sharia, que es la antigua ley emanada por Mahoma en el siglo VII, que contiene aspectos incompatibles para con nuestro tiempo. Voy a citar algunos ejemplos pero primero, recordar que a diferencia de la Biblia, el Corán es un cuerpo legislativo que contiene todo el marco legal y jurídico que debe respetar un musulmán, esto es el conjunto de leyes que abarcan todos los espacios de la vida individual y social, desde leyes para la familia, como el Derecho Civil, Penal, Constitucional, Relaciones Exteriores hasta e inclusive Derecho Económico y Financiero.

Un Califa debe aplicar La Sharia en su territorio y ello implica sanciones como mutilaciones, lapidaciones, amputaciones (por robo se corta la mano), “takfir” (excomunión), ejecuciones, crucifixión, latigazos, expulsión del Califato e incluso la esclavitud. Los crímenes individuales más duramente penados son la apostasía, el robo, el adulterio, los juegos de azar, el consumo, venta o distribución de alcohol o drogas, afeitarse la barba, votar en una elección, usar ropas occidentales, no realizar los ayunos, las oraciones diarias o no hacer la peregrinación al menos una vez a La Meca, entre muchas otras.[2]

A nivel del Estado, existen también leyes que son inviables hoy en día y que explican parte del comportamiento del Estado Islámico. Por ejemplo, no se pueden enviar embajadores ni reconocer a otros países o reyes o presidentes, pues eso es desconocer que la única autoridad es Alá. El Califato debe estar en estado de guerra permanente, debe realizar la yihad al menos una vez al año contra sus vecinos y el tiempo máximo que puede estar en paz en una de sus fronteras es 10 años.

Por ejemplo, en septiembre 2014, el vocero principal del E I, Sheikh Abu Muhammad al-Adnani decía a los musulmanes que viven en Francia o Canadá que debían aplastar la cabeza de un infiel contra las rocas, que deben envenenar el agua, aplastarlos con sus autos, destruir sus cultivos, envenenarlos…[3]

Siguiendo con Wood, hay algo más por lo que la institución de un Califato por el Estado Islámico tiene una importancia trascendental en el mundo Islámico: todo musulmán antes de morir debe prometer lealtad al Califa, morir sin hacerlo es “jahil” (haber vivido como incrédulo, ignorante). De allí se comprende que musulmanes de todas partes del mundo, incluidos Norteamérica, Europa y Australia, viajen a Mosul a prometer lealtad a Al-Baghdadi. Aún más, esa autoridad de Al- Baghdadi resulta incuestionable en el mundo musulmán, porque él pertenece a la tribu de los Quraish, que es la tribu que tenía el poder en La Meca y de la cual proviene Mahoma. Según las tradiciones islámicas, solo los pertenecientes a esa tribu tienen la potestad y la autoridad para ejercer como Califas, es decir como la máxima autoridad política y religiosa del Islam.

En este contexto, todos los musulmanes que nacieron a partir de 1.923 y no juraron lealtad a un Califa, porque sencillamente no existían Califas, murieron como impíos, sin haber cumplido con todos los preceptos de su religión. Este es el vacío que Al-Baghdadi viene a llenar; por eso el Califato y él mismo en persona, revisten gran trascendencia para el mundo Islámico.

USA y Occidente: conflictos recientes en Medio Oriente

El E I ha dejado a su paso un rastro de muerte y desolación difícilmente comparable a cualquier otro hecho de la historia reciente, acompañado de una constante invitación mediática a Estados Unidos para que intervenga en el conflicto pues, como se puede colegir, su mitología religiosa señala que en “Dabiq” se enfrentarán a las fuerzas de Roma y el Islam vencerá para siempre. El hecho es que “Dabiq” existe y es un poblado en Siria, actualmente bajo control de E I.

La respuesta de Occidente ha sido mínima, incluso casi inexistente: Europa, como casi siempre, asume que el rol de policía internacional le corresponde a USA, como ha venido sucediendo desde hace algunas décadas. Pero inexplicablemente, Estados Unidos no muestra mayor interés en intervenir de una manera definitiva para dar por terminado el sueño mesiánico del E I; más bien mira, tolera y aparenta en su dilación no encontrar una manera de actuar que resulte acertada.

Esta reacción norteamericana no es inexplicable. Hay que recordar el fracaso que ha traído sus grandes intervenciones militares en Oriente Medio en las últimas décadas: Guerra del Golfo (1990), Afganistán (2001), Irak en (2003) y Libia (2011). Los resultados de todas estas intervenciones han sido de dudoso éxito para Estados Unidos, se han retirado sin traer la consabida Democracia que venían a ofrecer y, en lugar de ello, estos países han quedado sembrados de movimientos extremistas, cuando no en el caos absoluto a manos de bandas armadas de toda suerte de orientación política o religiosa.

Al momento de surgir el Estado Islámico, en Irak existían más de 30 organizaciones armadas con enfoques diferentes, con líderes y objetivos particulares, mientras que, tras la salida de las fuerzas de USA de Libia, se registran hoy, marzo 2015, alrededor de 1700 organizaciones armadas a lo largo y ancho de ese país y dos gobiernos que se disputan la legitimidad. Eso es caos, con mayúsculas. Estados Unidos no podría hablar de éxito en estas guerras, a menos que esa hubiese sido su intención, es decir, desestructurar el nivel de organización social que habían desarrollado estos pueblos a los largo de casi 50 años de dictaduras excluyentes y muchas veces sanguinarias avaladas por Estados Unidos: Mubarak, Hussein, Reza Pahlevi, Ben Alí, Rey Hussein, Gadafi, por mencionar algunos de esos macabros personajes.

La desintegración de la sociedad y la conversión en estados fallidos de Irak y Libia no tiene justificación. Incluso el conjunto de Occidente no se explica estas intervenciones militares aupadas principalmente por Estados Unidos, Inglaterra y Francia. Hay que recordar que estas intervenciones militares estuvieron precedidas de un discurso según el cual USA estaba llevando la Democracia a pueblos que soportaban gobiernos brutales; quizás muchos de sus soldados y su pueblo lo creyeron, pero lo que encontraron allí distaba mucho de lo que esperaban encontrar, pues la población no los recibió como héroes que vienen a liberarlos, sino más bien participando en la resistencia de lo que veían como una invasión.

Al momento de desestructurar por la vía militar los poderes locales articulados por el dictador gobernante, lo que brotó fue una sociedad diversa, radical, reprimida durante décadas y con una gran sed de venganza, que se aferró a quizás la única forma de organización respetada por las dictaduras: la de las estructuras religiosas musulmanas. La mesa estaba servida para la guerra civil-religiosa en cuanto evacuen las tropas norteamericanas, y así sucedió.

Al parecer, Estados Unidos comprendió que Medio Oriente carece de interlocutores legítimos; que la diversidad es la norma, y que por el Islam pueden luchar unos contra otros desde diferentes asimilaciones de una religión que carece de uniformidad por la ausencia de un Vaticano. Lo que provoca enfrentamientos de suníes contra suníes, suníes versus chiítas, ellos contra alawitas, suníes salafistas contra todos los demás, kurdos yazidíes, etc.

Los conflictos al interior del mundo Islámico, que datan desde la muerte de Mahoma, hace aproximadamente 1.400 años, están lejos de solucionarse. Existen textos sagrados que avalan comportamientos radicales, pero también los hay tolerantes, dependiendo de quienes siguen a los textos originales o quienes aceptan a los Ulemas que han venido interpretando los textos originales a través de los siglos, adaptándolos a los tiempos y escribiendo nuevos textos que son seguidos por millones de fieles en países con escuelas no radicales del Islam suní tales como Bangladesh, Malasia, Indonesia, Somalia, Etiopía, Kazajistán, Turkmenistán, Uzbekistán, Afganistán, Pakistán, China, Egipto, Siria, Irak, Turquía entre otros.

Luego de miles de millones de dólares invertidos en cada guerra, obteniendo magros resultados estratégicos que no han conseguido resolver la necesidad urgente de estabilizar la zona para acceder, controlar y regular la producción de petróleo y para lograr una coexistencia pacífica con Israel, Obama aparece capeando el temporal presionado por agudas críticas al interior de su país.

El equilibrio chiíta – suní

Luego de lo sucedido en el pasado inmediato, es claro que dinero y armas son secundarios. La posibilidad cierta de estabilizar la zona a largo plazo y hacerla funcional a los intereses occidentales atraviesa por permitir que se expresen, desarrollen y, en lo posible se exacerben los conflictos internos, a fin de que los países árabes resuelvan sus contradicciones propias por sí mismos.

Sin embargo, esta cáustica región del mundo sufre la confrontación milenaria entre los dos principales herederos de la fe islámica: chiítas y suníes. Una vía de superación de los conflictos internos en Medio Oriente debe imaginar una salida que ambos lados consideren justa y que además prometa mantener un cierto equilibrio disuasivo entre ambos.

El Irán de la actualidad es la potencia islámica radical más importante de tendencia chiíta, con una estrategia de enfrentamiento con Occidente que permitió al ex presidente iraní Mahmud Ahmadineyad desarrollar con éxito el proceso para alcanzar el enriquecimiento de uranio, el cual es un paso importante para conseguir la capacidad de producir una bomba atómica. Este régimen teocrático –alejado de las prácticas democráticas- también logró atravesar los años de la Primavera Árabe sin alteraciones mayores que pusieran en serio riesgo a su gobierno.

La solidez del proceso iraní ha colocado en altísima tensión la relación entre USA e Israel. USA considera que la única opción posible es firmar un acuerdo con Irán que permita el acceso y monitoreo sin restricciones a sus instalaciones nucleares incluso sin previo aviso por expertos internacionales; mientras, Israel no confía en Irán y pretende que USA le permita realizar una campaña bélica contra Irán, siempre y cuando USA no lo castigue por hacerlo. El discurso de Netanyahu en el Congreso estadounidense hace muy pocos días -el 3 de marzo de 2015- soportó el boicot de un buen número de demócratas, pero tuvo el aplauso del mayoritario bando republicano.

Este discurso marcó un hecho sin precedentes que evidenció la ya conocida aversión entre Netanyahu y Obama: Netanyahu coordinó este discurso con el Congreso y sin consultar a la Casa Blanca, justamente una semana antes de las elecciones en Israel en las que es candidato, utilizándolo claramente como acto de campaña, a lo cual el Congreso republicano se prestó alegremente. Este desagradable acto de falta de respeto a un Presidente norteamericano no tiene antecedentes.

El poderío iraní en la región demanda un equilibrio importante por el bando suní, pero hoy los países llamados a serlo se hallan en condiciones críticas, siendo Arabia Saudita el único con la solidez necesaria para ejercer ese rol que, además puede ser cumplido a cabalidad únicamente a través de la alianza con USA. Los demás países suníes están en crisis, están fuera del mundo árabe o mantienen escuelas o “madhab”, que aplican el Islam de una manera más relajada, como la escuela Hanafí en Egipto y Turquía, de significativamente menor beligerancia.

Occidente y su incidencia en África y Medio Oriente

A lo largo de la historia, Occidente-encarnado inicialmente en Europa- ha mantenido un vínculo de conflicto con sus vecinos en el Mediterráneo. Grandes imperios de uno y otro lado se han enfrentado persistentemente a través de los siglos, desde las guerras Greco – Persas en los 500 AC, pasando por las Guerras Púnicas entre Roma y Cártago y por la conquista del Imperio Otomano de la Península Ibérica durante casi 800 años hasta el 1500 DC.

La historia posterior a esa fecha lentamente se tornó humillante para los rivales europeos del Mediterráneo: los ingentes recursos provenientes de la esclavitud y el oro de América permitieron la gran acumulación de capital que alumbró la Revolución Industrial en Europa y Estados Unidos desde la segunda mitad del siglo XVIII. La capacidad industrial dio un giro a las relaciones de poder en el Mediterráneo y progresivamente las colonias europeas acrecentaron sus territorios hasta tomar todo el continente africano a inicios del Siglo XX, a la vez que el Imperio Turco veía reducir su geografía hasta Suez.

Desde entonces todo lo que sucede en África y Medio Oriente está estrechamente predeterminado tanto por los intereses occidentales como por las desavenencias internas. Occidente jamás abandonará sus intereses en África; la soberanía plena de esos países parece destinada a la utopía. La situación actual, que aparenta ser un conflicto interno de la cultura islámica, en realidad está azuzado por fuerzas extranjeras que han armado y apoyado los bandos de su conveniencia. Rusia sosteniendo en el poder a Bashar Al-Assad para mantener intactos sus intereses en el Mediterráneo, Irán apoyando a la población chiíta, Arabia Saudita, Qatar y Kuwait a los sunitas, Turquía proveyendo apoyo logístico al E I, el pueblo kurdo apoyado por Italia y USA, el involucramiento directo de Estados Unidos en apoyo de Arabia Saudita y su régimen simpatizante del E I, Egipto atraído por el petróleo libio…

Este no es un conflicto interno del mundo musulmán, pues no hubiese sido posible sin los recursos externos, sin el alto precio del crudo que inundó de petrodólares las arcas de esos gobiernos, sin la desestructuración social provocada por las invasiones norteamericanas y sin las dictaduras funcionales a Occidente que durante décadas gobernaron esos países, varios de los cuales se resisten a abandonar su status; y, por supuesto, sin los yacimientos petrolíferos.

Las acciones de Occidente se han concentrado en apoyar a los kurdos y en evitar la expansión del conflicto hacia Europa, pretendiendo quizás que la defensa de Damasco por Bashar Al-Assad con el apoyo ruso, dirija el conflicto hacia las fronteras con Irán. Ello tendría mucha coherencia dado el discurso suní extremista y el odio secular para con los musulmanes chiítas, los cuales tienen la sede más importante de gobierno en Teherán, desde donde se propicia la imposición de su opción islámica en Gaza, Líbano, Yemen y, por supuesto, Irak y Siria.

El ingreso militar a la zona por parte de Occidente, principalmente Estados Unidos, es solo cuestión de tiempo. Con una frialdad espeluznante se está permitiendo que se esclarezca el panorama y se definan vencedores y vencidos. A modo de quien mira de lejos la manera como los vecinos se agreden, aparentando indecisión sobre si involucrarse o no, Occidente mira con calma la sangría: la permite, la calcula, mide sus consecuencias, monitorea que no escape a su control.

El costo de las acciones del E I en esta operación es elevadísimo para todo el mundo en muchos rubros: ético, vidas, cultura, historia, arqueología, valores humanos, víctimas inocentes de toda índole y los menos importantes, de orden económico y material.

Todo el escenario es una invitación descarnada para que Irán cometa un error y se involucre en el conflicto en defensa de las comunidades chiítas que están siendo diezmadas en el territorio del Estado Islámico. Nada sería más placentero para Israel que presenciar el involucramiento iraní en el conflicto, lo que le daría pábulo para articular cualquier justificación de atacar Teherán y acabar con su proyecto nuclear.

La estrategia de Obama I: El Kurdistán

El hecho es que USA ha concentrado su accionar con bombardeos y armas básicamente en apoyo al pueblo kurdo en toda la frontera norte del territorio que controla el Califato, que lleva una lucha de ya cerca de cien años por conquistar su independencia.

El pueblo kurdo se halla en una región que luego de la primera y segunda guerra mundial quedó dividido entre Turquía, Irán, Irak y Siria. Los kurdos son un pueblo ancestral, que datan su identidad desde el tiempo de los persas, 2000 años antes de Cristo, que tienen su propio idioma y una cultura muy arraigada y particular, con su propia religión-la religión Yazidi- la cual es un sincretismo que combina elementos de las elementos persas, zoroástricos, cristianos y musulmanes. A diferencia de las principales religiones no son proselitistas y tienen hoy en día alrededor de 800.000 seguidores, existiendo también kurdos cristianos y kurdos musulmanes.

El pueblo kurdo es un as que guarda los Estados Unidos en su visión de futuro de la zona. A pesar de su durísima historia, que le ha llevado a estar en guerra con cuatro países al mismo tiempo el último siglo, mantiene su convicción de crear el Kurdistán, al cual USA ve con muy buenos ojos. Tanto así que existe una colaboración en diferentes ámbitos sostenida ya por varios años entre ambos. Un apoyo mutuo importante se dio con la colaboración en campo kurdo a los militares norteamericanos en la guerra contra Saddam Hussein; a raíz de ello la nación de los invencibles peshmerga (combatientes kurdos) ha implementado un importante lobbying en Occidente y principalmente en Washington, del que se derivan algunos apoyos de los Estados Unidos, como la oferta de estudios universitarios en USA a jóvenes kurdos.

La conversión de Irak en estado fallido y la aparición del Estado Islámico acercó aún más los intereses de USA y los kurdos. Mientras los primeros no desean poner sus botas otra vez en Irak (aún), el pueblo kurdo está ávido de combatir al E I a fin de ganar territorio y controlarlo plenamente, dada la incapacidad manifiesta de Bagdad. Esta coyuntura le permite al pueblo kurdo soñar con el Kurdistán, al menos en el territorio iraquí y, de ser posible, en el territorio sirio que ocupa y reivindica como propio históricamente. Con el territorio kurdo en Irán y Turquía no puede esperar absolutamente nada por el momento.

De esta forma, USA no ha escatimado esfuerzos en armar al pueblo kurdo para que éste asuma la lucha en tierra en un amplio frente contra el E I.

También podría señalar que la mayoría de ataques aéreos y bombardeos contra el Estado Islámico ejecutados por USA han sido para socavar al E I allí donde lucha con los peshmergas de las milicias kurdas KRG, YDG, PKK, KDP y PUK. Sin embargo, es difícil de interpretar en ello una intencionalidad explícita de parte de USA, debido a que gran parte del combate tiene lugar al norte de Siria e Irak, que corresponde justamente al territorio histórico del pueblo kurdo.

Estados Unidos prevé que el caos actual en Siria e Irak permitirá la consolidación de un enclave kurdo: el Kurdistán- sólido, no musulmán, con fuertes vínculos con occidente y que le permita tener una fuerza que coadyuve a la estabilidad de la región- lo que convierte al pueblo kurdo en un elemento estratégico al visualizar un Medio Oriente post Estado Islámico.

La estrategia de Obama II: El contradictorio enroque Saudí

Aparentemente, el grupo más sanguinario surgido del Islam en los últimos siglos, tiene como meta acabar con Occidente y con todos los musulmanes que no profesen su religión, así como con todos los chinos, japoneses, hindúes y demás pueblos que vayan apareciendo a medida que amplíen sus fronteras, si respetamos La Sharia tal como, al parecer, E I lo hace.

Ahora bien, por grande que fuese la fuerza militar que logre movilizar, sus yihadistas no matarán o convertirán al resto del planeta. No lo harán. En realidad, si recordamos que el ejército iraquí fue vencido en menos de 15 días y era el cuarto ejército del planeta para entonces, sabemos que no le va a costar trabajo a USA/Europa aniquilarlos. Por tanto está claro que E I no va a lograr su cometido.

Al menos, esa es la visión occidental: los monitorean, permiten que el Qatar, Kuwait y el régimen salafista de Arabia Saudita, aliado fundamental de USA en la región, los financie y que promuevan el extremismo Islámico en todo Medio Oriente. Existen evidencias de cómo Kuwait ha provisto de armamento al EI; más aún, es público que el 75% del armamento del E I es americano, el que supuestamente fue a dar a sus manos proveniente de la huida del mal entrenado ejército iraquí.

Arabia Saudita y su régimen musulmán de la escuela o “madhab” Hanbalí y cercano a la corriente wahhabí, una de las más radicales del Islam, guardan una reservada simpatía para con la imposición de La Sharia que aplica el E I en el nuevo Califato. Muchos saudíes consideran es justo acabar con tanto infiel que denigra la pureza de su religión; allí están varios de los Imanes más radicales que profesan La Sharia, quienes en sus prédicas legitiman acabar con los infieles. Esto, por ejemplo, lo dijo durante un sermón hace pocas semanas el Imán Issa Assiri: “La espada es más veraz que el libro. Su vanguardia separa sinceridad de broma. Es la blancura de la hoja, en lugar de la negrura de la tinta del libro, que descarta cualquier incertidumbre o duda. Cuando se enfrentaron a la muerte… Este es el idioma que estos infieles judíos y cristianos entienden. Este es el único lenguaje que entienden.”

Incluso esta misma semana, Arabia Saudita acaba de premiar con una medalla de oro y 200 mil dólares al Dr. Zakir Naik, un Imán de la India por los favores al Islam y por su prédica, que tiene perlas tales como declarar que el 11 de septiembre fue un autoatentado de Estados Unidos, a favor de la ejecución de homosexuales y de quienes abandonan el Islam, en favor de que el hombre golpee a sus mujeres y, finalmente, que está de acuerdo con que el hombre tenga sexo con sus esclavas musulmanas….

La relación USA – Arabia Saudita es una de las más peculiares del planeta, pero paradójicamente resulta funcional a ambos. Arabia Saudita resulta un enclave fundamental para Estados Unidos en función de crear un balance militar e ideológico en la región para frenar el expansionismo del gobierno fundamentalista chiíta de Irán; y, a la vez, la alianza con USA le otorga a Arabia Saudita un poder disuasivo inconmensurable frente a la tentación iraní de promover levantamientos chiítas en territorio saudita, lo cual sería altamente sensible para Arabia Saudita, ya que sus principales depósitos petrolíferos se hallan en núcleos de población chiíta.

Esta relación tiene elementos claramente contradictorios: Estados Unidos se hace de la vista gorda a su versión radical del Islam, no muy distinta a la del E I, la cual promueven dentro y fuera de su territorio. Pero, en una estrategia que le cuesta anualmente 34 billones de dólares a Arabia Saudita y que favorece geopolíticamente principalmente a USA, los árabes decidieron incrementar su producción de petróleo rompiendo los acuerdos de la OPEP, a fin de bajar el precio del barril por debajo de los $ 65 dólares que le cuesta a USA y Canadá la explotación de sus yacimientos de esquistos mediante el fracking.

Las consecuencias geopolíticas son favorables para USA y lo son también, parcialmente, para Arabia Saudita: por un lado debilita profundamente a Rusia, Irán y Venezuela; sin embargo, echa por tierra la inversión de cientos de millones de dólares en fracking en Norteamérica. Igualmente para Arabia Saudita trae resultados contradictorios: un significativo déficit de 34 mil millones de dólares anuales en su presupuesto, mientras garantiza el mercado norteamericano de su petróleo, el cual constituye el 13% del total de las importaciones norteamericanas del hidrocarburo y, como premio a largo plazo, quizás logre que Norteamérica deje de lado el costoso y anti ecológico fracking.

Para cerrar este tema de la relación USA – Arabia Saudita, señalaré que Zacarias Musaui, un ex miembro de Al Qaeda, declaró que el entonces Príncipe Salman (acaba de asumir hace un mes el cargo de Rey por la muerte del Rey Abdullah) era el encargado, mediante una fundación, de colectar dinero para Al Qaeda, lo cual fue ratificado por Mohammad Jaksar, quien corroboró que desde 1.998 Salman también financiaba a los Talibanes. Para relievar la importancia que asigna Estados Unidos a su aliado en el mundo árabe, es de recordar que Obama faltó a la gran marcha de París donde estuvieron los principales presidentes de todo el mundo con ocasión del rechazo al atentado a Charlie Hebdo, sin embargo, tras la muerte del Rey Abdullah, 4 días después Obama estaba con su esposa Michelle en Riad haciendo los honores al Rey Salman….

La estrategia de Obama III : El golf (procastinating)

Es injustificable todo lo que Obama ha hecho para dejar de actuar en el conflicto del Estado Islámico, desde enzarzarse en un debate ideológico para cuestionar la identidad islámica del E I, hasta claro, jugar golf.

Obama ha encontrado todos los obstáculos posibles para intervenir directamente contra el E I. Sería posible en primera instancia creer que dado que no cuenta con mayoría demócrata ni en el Senado ni en el Congreso, quizás allí encuentra oposición a su iniciativa. Pero no, no son sus feroces enemigos republicanos apropiados del Congreso y el Senado los que se lo impiden. El bando republicano es tradicionalmente militarista y demanda una intervención allí, también en Venezuela, enviar armas a Ucrania y adonde sea necesario (incluso para ellos podría ser incluso mejor si es posible enviarlas donde no es necesario).Es decir, el bando Republicano tiene fe ciega en la guerra.

Como esta historia  sucede en tiempo real, al 10 de marzo de 2015 cuando escribía estas líneas, 47 senadores republicanos publicaron una Carta Abierta a los Líderes de Irán, advirtiéndoles que cualquier acuerdo firmado con Obama requiere la aprobación del Congreso; de lo contrario, una vez terminado el gobierno de Obama, con solo una firma cualquier presidente puede echarlo a abajo. Otro acto de sabotaje interno a los acuerdos con Irán, al que también desean invadir.

Otro elemento que evidencia su interés por dilatar todo lo posible la intervención militar plena es que Obama recién el 11 de febrero de este año solicita autorización al Congreso para declarar la guerra al E I, siete meses después de que el E I se hizo de Mosul y 23 meses después de que tomó Raqqa.

Nadie comprende en Washington la espera de seis meses para ejecutar los planes militares ya establecidos, ni se comprende por qué Obama pide autorización al Congreso, cuando la Resolución de Poderes de Guerra de 1.973 le permite iniciar una acción bélica con limitaciones de cantidad de hombres y tiempo sin pedir autorización al Congreso. Es más, USA se ha involucrado en acciones militares en 125 ocasiones anteriores sin la autorización del Congreso, antes y después de la Resolución de 1.973.

El hecho es que la última vez que el presidente de Estados Unidos solicitó Autorización de Guerra al Congreso fue durante la Segunda Guerra Mundial en contra de Hungría, Rumania y Bulgaria. Obama justifica este requerimiento argumentando que se requiere demostrar unidad interna en la posición norteamericana ¿Tiene sentido? No lo creo.

Pero existe un sui generis factor adicional que yace en la ambigüedad de la carta de Obama al Congreso: por un lado, en ella se solicita autorización a largo plazo, pero por otro se imponen una serie de restricciones a las acciones militares que están permitidas al ejército americano, reduciéndolo a asesoría, apoyo y logística. Una contradicción que ha generado desconcierto, confusión y un intenso debate, provocando posiciones contrapuestas al interior de las filas tanto demócratas como republicanas. Hay demócratas que desean darle poder ilimitado, mientras por el lado republicano, la dualidad proviene de su deseo de guerra, pero sin una definición clara porque al mismo tiempo desean castigar a Obama por sus decisiones ejecutivas en temas como inmigración, Cuba y el Obamacare.

Paralelamente, la tensión en la zona de conflicto ha llevado a que los gobiernos afectados tomen acciones unilateralmente, haciendo caso omiso del pretendido liderazgo de Estados Unidos en la región. Ante las decapitaciones de los cristianos coptos egipcios en suelo libio, Egipto respondió con un bombardeo a posiciones del E I en Libia; para sorpresa general, Estados Unidos cuestionó públicamente esta acción el 5 de marzo.

Otro hecho en la misma línea: resulta poco creíble cuando USA el 4 de marzo decide no participar en las acciones militares llevadas a cabo por el ejército iraquí para liberar a la ciudad de Tikrit en manos del E I, en virtud de que esa ofensiva fue apoyada por altos mandos del ejército iraní y milicias chiítas en tierra y se temía que tomaran represalias contra los yihadistas del E I ¿Tiene sentido? tampoco lo creo, pues ante la barbarie yihadista, cualquier fuerza en tierra va a ser difícil de contener en sus deseos de extirparla de la tierra.

Ahora que el Estado Islámico ha recibido la subordinación de tres fuertes facciones armadas en la caótica Libia, suponemos Obama deberá jugar todavía al golf, volver a debatir si esa facción representa al Islam, volver a jugar golf, volver a consultar al Congreso y, después de que allí también se agoten los conflictos internos, probablemente enviará tropas a tomar el control.

Probables líneas de evolución del Estado Islámico (E I)

El E I plantea hoy múltiples aristas que podrían orientar su evolución en el futuro inmediato. Desde la toma de la ciudad de Raqqa–Siria- en marzo del 2013, el E I ha venido ampliando su área de intervención en dirección principalmente hacia el sur y el este, procurando Damasco -la capital siria-pasando a la vez hasta Irak en dirección a Bagdad, pero también con ello acercándose peligrosamente a la frontera iraní, su enemigo natural.

Por su lado el gobierno iraní está en una situación extremadamente complicada, pues no puede intervenir directamente mientras mira cómo una vez más la población chiíta es masacrada en manos suníes. De allí que, ante la imposibilidad de involucrar directamente su ejército, Irán se ha involucrado en el conflicto con militares de alto rango al mando de batallones chiítas iraquíes en apoyo al ejército iraquí en la retome de Tikrit.

Por otro lado el Califa Al-Baghdadi ha logrado establecer franquicias sumando apoyo y obediencia de diversos grupos armados en otros lugares como Argelia, Libia, Arabia Saudita, Egipto, Yemen, Líbano, Afganistán, Pakistán; y, su última conquista: Boko Haram, en Nigeria.

Pero el E I no solo se nutre de yihadistas sunitas captados en el territorio bajo su control y de yihadistas experimentados de todo el mundo árabe, entre los que se cuentan militantes de Al-Qaeda, Talibanes, ex militares iraquíes que enfrentaron a los EEUU. Paralelamente, y de manera no prevista, ha recibido a miles de yihadistas voluntarios provenientes no solo de Europa y Estados Unidos, sino también de países tan distantes como Rusia y China.

Es difícil creer que Occidente hubiese previsto este crecimiento exponencial del E I mucho más allá de los límites geográficos que ha logrado imponer por la vía militar. Si es que existió, como todo parece indicar, un monitoreo confiado sobre el E I y su capacidad bélica, este cálculo se halla hoy desbordado. Las posibilidades de expansión de Al-Baghdadi se han multiplicado más allá de lo razonable.

Es imprevisible el decurso del conflicto de aquí en adelante. Al parecer el Estado Islámico llegó a su techo de capacidad ofensiva en sus principales frentes y en varios lugares ha sido repelido y desalojado ya sea por fuerzas kurdas o por el ejército iraquí. Su estrategia podría cambiar hacia la defensa del territorio obtenido, dada la anunciada contra ofensiva del ejército iraquí y su preparación para intentar en junio la retoma de Mosul, capital del Califato.

Pero nada se puede decir de la evolución de los hechos en las zonas donde han surgido las franquicias del E I. Existen dos de ellas que han conseguido controlar territorio, una de ellas es Boko Haram en Nigeria, movimiento que recibe la decidida arremetida de cuatro ejércitos nacionales: Camerún, Chad, Níger y Nigeria. La otra es mucho más preocupante para Europa y está en las costas del Mediterráneo, en Libia, donde E I controla Sirte y Derna, lo que ha puesto en alerta a Italia a la que ha amenazado atacar. En las demás filiales del E I, hasta el momento han existido ataques armados y actos terroristas, pero es poco probable que deriven en ejércitos que controlen un territorio como sucede hoy en Irak, Siria, Libia o Nigeria.

Las amenazas sobre el Estado Islámico son cada vez mayores y nuevos países se involucran de manera activa en el conflicto. Ya lo hizo Jordania que incrementó sus acciones luego del crimen contra el piloto jordano apresado; igual sucede con Egipto, que bombardeó territorio libio donde tres facciones armadas han plegado al E I. El involucramiento italiano aumentó luego de las amenazas de conquistar Roma, aumentando el número de asesores militares y armamento en apoyo a los kurdos, así como el despliegue de 1800 hombres para garantizar la seguridad de sus fronteras, además de la ya mencionada colaboración iraní en la retoma de Tikrit.

Si esto no es una guerra mundial, se le parece bastante. Hasta el momento una zona de guerra que no se vincula a ésta es la guerra ucraniana, aunque Rusia está directamente involucrada en Siria y prevé significativas inversiones en Egipto para estrechar lazos con ese país. Tampoco se expresan vínculos con el demencial Kim Jong-Un en Corea del Norte, pero si eso sucediese ya no cabrían dudas de la globalidad del conflicto, pues se verían articuladas las restantes principales potencias del planeta.

Para finalizar

El E I está haciendo un trabajo sucio que, a pesar de las declaraciones públicas, muchos miran con agrado. Se trata de una resolución sanguinaria de los conflictos internos por encargo; se trata de simplificar la región, de tener un caballo de batalla para llevar a cabo un exterminio brutal el cual reduzca sensiblemente la población y consolide una hegemonía arcaica y asesina en manos de un grupo medieval en base a su poderío militar y su intolerancia extrema. Quizás de este modo, cuando entren las tropas americanas, esta vez sí las reciban como tropas de liberación, con lo que podrían establecer relaciones con los nuevos líderes locales, designados y aprobados por ellos.

Queda por ver si esta perturbada estrategia de exterminio y control funciona. Los riesgos son altísimos especialmente para Europa, Irán e Israel. Las críticas decisiones que Putin está forzado a tomar en Ucrania y Siria podrían encontrar inesperados aliados y provocar una generalización del conflicto.

Quizás con el tiempo quede claro si el autor de esta estrategia es el propio Obama o son los cuerpos de inteligencia norteamericanos. Por momentos considero que Obama es un político a carta cabal y que, tras dos mandatos y con plena conciencia de sus actos, está decidido a asumir el altísimo costo político de todas sus dilaciones. Pero a veces, por ejemplo, cuando leo la carta al Congreso pidiendo la autorización de guerra, pienso que él no es consciente de la estrategia que se está practicando; probablemente, solo quiere jugar al golf.

Tanto USA como Europa obtienen beneficios colaterales muy provechosos de esta estrategia: uno es que, mediante la existencia del Califato, ha logrado identificar un gran número de individuos radicales residentes en sus países, lo que posibilitará monitorearlos y anular su peligro potencial cuando lo decidan conveniente.

Para la óptica de los estrategas norteamericanos, otro beneficio no previsto es que ha logrado concentrar en un delimitado espacio geográfico a la gran mayoría de islamistas radicales provenientes de los países árabes y del resto del mundo. Para Estados Unidos ello se constituye en una oportunidad única de suprimir esa compleja amenaza de un solo golpe, cosa que, de no ser así, le hubiese tomado años de trabajo de la NSA, la CIA y demás entidades de espionaje.

Es necesario reconocer que, en el contexto descrito, EEUU tiene todas las cartas y está en sus manos la decisión de cómo acabará este obscuro episodio, pero también está en sus manos posibilitar que los niños árabes de hoy no se constituyan en nuevos yihadistas mañana. Estados Unidos ha cometido grandes errores en Medio Oriente, este parece ser uno más. Cuando se tiene todo el naipe, se tiene literalmente todo el abanico de alternativas.

Considero que las acciones de los actores directos del conflicto obedecen a una articulación paradójica nada casual de sus propios intereses y de los intereses de Estados Unidos y sus aliados, lo que hace de estos últimos desde ya el factor preponderante en los sucesos actuales en la región. Solo cuando Estados Unidos vea satisfechos sus objetivos por la acción del Estado Islámico, intervendrá en la zona de manera directa y tomará control de la región con su ejército para aprobar a las nuevas autoridades y consolidar su prevalencia en la explotación y destino de los ingentes recursos en disputa.

Constituye una incógnita todavía si el enfoque estadounidense promoverá o no una democratización real de estos países, apuntalando estructuras representativas del conjunto de la sociedad; si apoyará la creación de la infraestructura básica y de sistemas escolares y sanitarios funcionales, o no, además de estimular el carácter laico de los nuevos gobiernos. Si no lo hace, la sola invasión militar reproducirá una y otra vez la misma inequidad estructural y fomentará la aparición de yihadistas en cada nueva generación. Por los valores y principios que dice encarnar, corresponde a los Estados Unidos el intervenir directamente cuanto antes y detener la barbarie actual.

 

Jorge Alvear

Sociólogo

[1] http://www.theatlantic.com/features/archive/2015/02/what-isis-really-wants/384980/

[2]Un detallado registro en: http://www.arabespanol.org/islam/fiqh/prohibidoensharia.htm

[3]  Op. Cit. Graeme Wood http://www.theatlantic.com/features/archive/2015/02/what-isis-really-wants/384980/