Las FFAA, hoy más que nunca

Si estuviese en sus manos, Correa desaparecería las Fuerzas Armadas. Si la popularidad de las Fuerzas Armadas decayese grandemente no lo dudaría, crearía una guardia bolivariana en su lugar. Las Fuerzas Armadas han venido siendo agredidas desde el principio de este gobierno, su trato denota un desprecio supino desde los mismos criterios de selección de los ministros de defensa, cuya tradición señalaba ese cargo lo ocupe un militar en servicio pasivo, para en su lugar dar paso a una variopinta diversidad de advenedizos en temas de seguridad tales como un poeta, un médico, un sociólogo, una politóloga, una lingüista, un arquitecto, un economista; y, la primera, educadora y Presidenta del Partido Socialista.

Imprudente desatino del líder máximo o intencionada expresión de desprecio? Tan evidente lo último que la primera ministra no solo que no provenía de filas castrense, sino que era mujer y de izquierda. Es casual? difícil de creer en un gobierno tan maquiavélico y calculador. El género de la ministra Larriva no debería llamar la atención como una afrenta ante las FFAA, pues no lo es, pero en una institución que es reserva nacional del machismo en el país, por supuesto que el género también se constituyó en un insulto, permitiéndose Correa que tres de los ocho (sí, ocho ministros de defensa en nueve años) hayan sido mujeres. Pero llama más la atención el perfil de los ministros, pues reflejan la intencionalidad de hacer un manejo político sobre las FFAA en lugar de propender hacia el fortalecimiento del profesionalismo de la institución.

Mucho más allá de lo simbólico, Alianza País ha maltratado sistemáticamente a las FFAA de manera concreta. Las agresiones y el desprecio hacia la institución militar se suceden en diferentes ámbitos, rompiendo normativas explícitas para favorecer el ascenso de oficiales adeptos al régimen, cesando a la cúpula ante su expresión de inconformidad, reduciendo los ámbitos de acción propios a su naturaleza tales como el retiro de edecanes y de agregadurías militares, paso de los hospitales de las FFAA al Ministerio de Salud, cesión de colegios militares y liceos navales al Ministerio de Educación, creación de la SENAIN en detrimento de la Dirección de Inteligencia de las FFAA, cesión de empresas productivas al gobierno central, el incumplimiento a los aportes al ISSFA al cual adeuda más de 320 millones; y, además, la decisión unilateral y sin ningún respaldo jurídico de forzar la devolución de los 41 millones del ISSFA en el caso del parque de Los Samanes.

En contrasentido a sus funciones naturales, las últimas enmiendas constitucionales agregan tareas de orden policial y de socorrismo a las FFAA, degradando su institucionalidad y orientándolas más bien a constituirse en un aparato especializado para la seguridad interna, quizás más parecido a lo que existe en Costa Rica. Es probable que, como algunos lo sospechan, esa sea la orientación final que se le quiere dar a esta noble institución. Y lo de noble no es simple lírica, a diferencia del obscuro historial de la gran mayoría de ejércitos latinoamericanos, debe destacarse que las FFAA ecuatorianas nunca se vieron envueltas en operaciones sistemáticas de exterminio de la población civil por motivos ideológicos, como sí sucedió en muchos países de nuestro entorno en el contexto de la Guerra Fría. Aún en el potente levantamiento indígena de 1.990, las FFAA hicieron prevalecer el interés nacional, permitiendo ser retirados de puntos conflictivos en los que la masiva presencia indígena cerró carreteas, ocupó gobernaciones y controló centros poblados. Hubiese sido muy fácil que allí unas Fuerzas Armadas mal preparadas o confundidas de su rol histórico debido a la coyuntura política derive en agresiones irreversibles contra la población civil.

Se hace evidente que las FFAA estorban al proyecto político de Alianza País, quizás porque sus intentos por controlarlas desde el interior no han surtido los efectos deseados o, quizás, porque las provocaciones no han derivado en intentonas golpistas que las desacrediten como hubiese querido el gobiernismo. El hecho es que las FFAA hoy subsisten maltrechas y en entredicho, pero no totalmente sumisas al proyecto político en marcha desde hace casi una década. Por otro lado, si bien el régimen ha atacado a la institucionalidad militar, ha premiado a sus miembros con salarios y pensiones como nunca habían sido vistos. El nivel de ingresos en las filas castrenses se elevó substancialmente, lo cual merece reconocimiento, pues la carrera militar siempre ha sido un mecanismo que favorece el ascenso social de sectores preteridos y hace pensar en una mejor preparación y profesionalismo de sus miembros.

El estado de situación nacional ha llegado a un punto muerto en cuanto a la capacidad de resistencia política y social al correato. Desfilan leyes, impunidad, desvergüenza y descaro por doquier día a día, semana a semana y mes a mes. El país entero se ha quedado absorto ante tanta ilegalidad y ya no hace sino observar el acelerado descalabro nacional en medio de la necesidad de salvarse cada quien como pueda. Mientras, los políticos ya miran las elecciones y nada les preocupa más que llegar bien apertrechados a febrero de 2017; ya nadie le presenta resistencia seria al gobierno, al punto de que son minúsculos grupos ciudadanos los que han logrado en base a mística, disciplina y persistencia en las redes sociales marcar la agenda del presidente y provocar de manera efectiva al poder instituido.

De la institucionalidad nacional, no siempre firme ni desinteresada, ya no queda absolutamente nada. No existe una entidad pública que merezca la confianza de sus ciudadanos, ni que cumpla cabalmente con sus funciones establecidas. La banca está sometida ante la fragilidad y dispuesta a hacer lo que convenga con el gobierno para evitar la quiebra del sistema económico; las cámaras de empresarios están divididas dado que unos cuantos elegidos de la gran empresa, los oligopolios del país, se han beneficiado enormemente en el correato; las organizaciones sociales infiltradas, divididas y pauperizadas; una nueva clase media, en su momento aupada por el correísmo, hoy inmovilizada por el pánico de perder las prebendas obtenidas y volver a la pobreza.

En este desmadre de prepotencia y absolutismo, ¿quién en sus cabales puede esperar derrotar democráticamente este modelo político? Sería iluso hacerlo, sin embargo los políticos miran seriamente a las elecciones del 17 como la posibilidad de minar el poder de Alianza País. Incluso de que la oposición acceda a Carondelet. Cabe preguntarse con profunda responsabilidad si esa perspectiva tiene asidero en este país, hoy.

Esta pregunta nos trae de regreso al motivo de este artículo: el rol de las Fuerzas Armadas en el décimo año de gobierno de Alianza País. El artículo 158 de la Constitución de Montecristi señala a las FFAA como instituciones de protección de los derechos, libertades y garantías de los ciudadanos; y, su misión fundamental la defensa de la soberanía y la integridad territorial. Cabe preguntarse: ¿defender a los ciudadanos de quién? y el texto constitucional no da pistas de que sea exclusivamente ante injerencia externa, por lo cual esta defensa prevé sea una respuesta legítima ante todo tipo de amenazas, también las internas.

Ante la presencia de un gobierno como el presente, que continuamente resta derechos a los ciudadanos, proscribe libertades esenciales, sodomiza el sistema judicial mediante el cual reprime y encarcela, mantiene complejos sistemas de espionaje y coerción para favorecer la amenaza, la represión y el silenciamiento; un gobierno que agota todos los caminos democráticos y hunde en el pesimismo y la frustración a su población, acaso esta población no merece la protección de sus derechos, libertades y garantías?

Bueno, la Constitución ya señala quien tiene la misión de preservarlos, y es tarea irrenunciable de las Fuerzas Armadas garantizar la transparencia del próximo proceso electoral en el país. Por ello es imprescindible que mantengan su institucionalidad, verticalidad, idoneidad, objetividad y sobre todo el respeto de la ciudadanía para que tengan la fortaleza y ecuanimidad institucional de hacer que cada voto de cada ecuatoriano sea respetado. Venezuela tuvo al General Padrino López que hizo respetar la voluntad popular en un contexto mucho más difícil que el nuestro. Esperamos eso mismo suceda aquí en el 2017, al que parece ya nada puede evitar que arribemos, así sea con el bote haciendo agua por todos los frentes, porque ya nadie lo quiere timonear.

Jorge Alvear