El nuevo Partido Demócrata, por Charles M. Blow

El Liberalismo ha sobrepasado la dinámica del Partido Demócrata señala esta análisis. La organización social en rechazo a Trump está generando una dinámica social que es imposible de manejar por el Partido Demócrata y se mira en el Liberalismo una posibilidad alternativa para replantear el futuro de los Estados Unidos.

No queda claro si el Liberalismo al que hace mención el autor es la tendencia de Sanders o no, pero queda claro que es la que promete beneficiarse de esta gran movilización social para replantear las bases de la forma de hacer política en los EEUU.

Este artículo fue publicado en el New York Times y a continuación comparto el link.

Jorge Alvear

 

 

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¿Y si la oposición se opusiera?

La actual situación del país resulta altamente surrealista. Una banda mafiosa apoderada de toda la institucionalidad modelando un Estado a su antojo, disponiendo por las buenas y por las malas de todos los recursos humanos y materiales existentes, para satisfacer su voraz ambición de lucro y su intrínseca necesidad de permanecer en el poder, pues su modelo acusa en su diseño la ausencia de una estrategia de finalización, llegaron para quedarse y su intención es hacerlo utilizando todos los medios, y ya no importa si son legales o ilegales, en este estado de situación incluso todo lo legal ya es ilegítimo. La cleptocracia convertida en modelo de gobierno.

¿Cómo llegamos a esto? Existen décadas regentadas por lo que se ha denominado la partidocracia en el argot del correísmo, la cual fracasó ampliamente provocando el tristemente célebre suceso de tener 7 presidentes en 11 años (si incluimos al gobierno de la primera presidenta del Ecuador Doña Rosalía Arteaga, que duró poco menos que 24 horas); también sucedió que millones de ecuatorianos migraron y perdimos nuestra moneda, el Sucre, que terminó siendo víctima en el fragor de la lucha de los grupos de poder económico por el control del Estado.

Pero también llegamos a esto por la falta de vocación democrática en nuestra casta política y en el ciudadano común, que permitió que Alianza País arrase con toda forma y decoro democrático desde el Congreso de los manteles, hasta la conformación de una Asamblea Constituyente de plenos poderes que se convirtió en una dictadura legitimada por el anhelo popular de cambio y a nombre del cual se sentaron las bases de esta trapacería.

Lo que resulta incomprensible es que ya en las elecciones de febrero 2014 Alianza País sufrió una amplia derrota en las elecciones seccionales, en las que perdió el control de las principales ciudades del país, siendo elegidos en ellas alcaldes de oposición. Ese reposicionamiento de fuerzas políticas evidenció un debilitamiento de Alianza País que hacía suponer surgiría un efectivo contrapeso a la avasalladora maquinaria gubernamental. Sin embargo esto no se dio.

Más aún, a pesar de la inusitada y masiva protesta ciudadana de junio y julio del 2015, que llegó a movilizar hasta a 500 mil personas en las calles simultáneamente en las principales ciudades del país, las autoridades locales elegidas un año antes no se sumaron a estas protestas de forma decidida. Recordemos que el año pasado Nebot convocó a una marcha a la que asistieron presumiblemente 300 mil personas, charló, dijo lo que pensaba y cada cual para su casa. Meses después dijo de que el gobierno merece apoyo en esta crisis. El caso de Rodas fue más patético: organizaciones sociales y políticas los emplazaron a que lidere las masivas protestas, que convoque a la Asamblea de Quito, pero no hizo lo uno y lo otro, únicamente se lo recuerda cuando asustado hizo un raudo paseo por la Tribuna de Los Shyris y no volvió más. Cabrera en Cuenca llamó al diálogo en lugar de la protesta.

Desde entonces hay cientos de miles y quizás millones de ciudadanos a la espera de que un líder político creíble, con prestigio, y mejor aún, si es alcalde de una de las principales ciudades del país, los convoque a las calles decididamente a expresar su inconformismo, pero nada de eso sucede. Si se mira al amplio y diverso mosaico de opositores declarados, a saber, en un breve recuento: Guillermo Lasso, Jaime Nebot, Mauricio Rodas, Guillermo Celi, Salvador Quishpe, Carlos Pérez Guartambel, Paúl Carrasco , Marcelo Cabrera, Lourdes Tibán, Cynthia Viteri, Cristina Kronfle, Andrés Páez, Ramiro Aguilar, Marlon Santi, Marcelino Chumpi, Carlos Falquez, Dalo Bucaram, Alvaro Noboa, Cristina Reyes, Diego Salgado, entre muchos otros. Incluso casi toda la bancada de Avanza en la Asamblea se ha declarado de oposición, además de tres asambleístas de AP que ya han renunciado a la camiseta verde.

Existen muchos actores políticos, gremiales y económicos que se rasgan las vestiduras jurando su decisión de acabar con el correísmo. Tanto poder vinculado a estos actores, especialmente a quienes controlan gobiernos seccionales y locales, es decir prefecturas y alcaldías, que sumadas en total representan 12 de 23 prefecturas y al menos 120 de 221 alcaldías, incluyendo a las 6 principales ciudades las que representan un total poblacional de alrededor de 7 millones de habitantes, casi la mitad de la población nacional.

Hablamos entonces de que los 6 principales núcleos urbanos del país están controlados por alcaldes de oposición, a saber: Jaime Nebot (Guayaquil), Mauricio Rodas (Quito), Jaime Cabrera (Cuenca), Víctor Quirola (Sto. Dgo. de los Tsáchilas), Agustín Casanova (Portoviejo) y Jorge Zambrano (Manta). Adicionalmente cabe recordar que estos municipios, como al resto de los gobiernos seccionales del país, llevan entre dos y tres meses de atraso en las transferencias que por ley debe realizar el gobierno central para su adecuado funcionamiento, incluso que han resignado ya parte de sus derechos económicos, al prever el gobierno central una reducción de entre 300 y 400 millones este año; y, más aún, vale recordar que el Municipio de Guayaquil incluso compró papeles del Banco Central para dar liquidez al gobierno por $ 60 millones de dólares, en lugar de destinarlo a gasto corriente u obras que sus ciudadanos merecen y necesitan.

Más aún, la situación desde junio del 2015 a la fecha se ha deteriorado severamente, lo que ha provocado que el rechazo al modelo correísta se torne cada vez más patente. Los desempleados se multiplican en una escala factorial al que crecen los acreedores del gobierno, el gobierno ya se ha tomado todos los recursos económicos disponibles en el país de los que podían echar mano ya sea de manera abierta u oculta, de manera legal e ilegal, se incrementan impuestos y aranceles, los gobiernos seccionales están meses impagos, al igual que hospitales, guarderías, el ISSFA, etc.

Alianza País estalla en conflictos internos y las evidencias de corrupción eclosionan por doquier, paralelamente se pasan leyes una tras otra de manera inverosímil, el redil de levantamanos funciona impecable en su tarea de hundir jurídicamente al país, se agotan progresivamente todos los espacios de protesta, las redes sociales son combatidas y constantemente amenazadas, la impotencia se apodera de la ciudadanía que no encuentra eco a sus angustiosas demandas en ningún estamento.

En este punto de elevada descomposición, cabe preguntarse ¿ qué sucedería si la oposición se opusiera? Si los alcaldes exigieran sus presupuestos, si convocaran a una rebeldía tributaria, si llamaran a las calles a sus ciudadanos y si apoyasen una paralización obrero – patronal en sus territorios?. Si los poderes locales de oposición decidieran colapsar este gobierno, lo lograrían con relativamente poco esfuerzo concertado, pero no sucede. No existen visos de que esa voluntad exista. ¿Acaso no es urgente exigir al gobierno central un camino democrático para retornar a la democracia plena?

Esta pirotecnia entre correístas y oposición tiene tanto de realidad como el dinero electrónico. Son puro cuento. ¿Existen reales opositores políticos?, ¿Quién defiende a los ciudadanos?, ¿A quién le preocupa el país?…

Jorge Alvear T.

 

 

 

Las FFAA, hoy más que nunca

Si estuviese en sus manos, Correa desaparecería las Fuerzas Armadas. Si la popularidad de las Fuerzas Armadas decayese grandemente no lo dudaría, crearía una guardia bolivariana en su lugar. Las Fuerzas Armadas han venido siendo agredidas desde el principio de este gobierno, su trato denota un desprecio supino desde los mismos criterios de selección de los ministros de defensa, cuya tradición señalaba ese cargo lo ocupe un militar en servicio pasivo, para en su lugar dar paso a una variopinta diversidad de advenedizos en temas de seguridad tales como un poeta, un médico, un sociólogo, una politóloga, una lingüista, un arquitecto, un economista; y, la primera, educadora y Presidenta del Partido Socialista.

Imprudente desatino del líder máximo o intencionada expresión de desprecio? Tan evidente lo último que la primera ministra no solo que no provenía de filas castrense, sino que era mujer y de izquierda. Es casual? difícil de creer en un gobierno tan maquiavélico y calculador. El género de la ministra Larriva no debería llamar la atención como una afrenta ante las FFAA, pues no lo es, pero en una institución que es reserva nacional del machismo en el país, por supuesto que el género también se constituyó en un insulto, permitiéndose Correa que tres de los ocho (sí, ocho ministros de defensa en nueve años) hayan sido mujeres. Pero llama más la atención el perfil de los ministros, pues reflejan la intencionalidad de hacer un manejo político sobre las FFAA en lugar de propender hacia el fortalecimiento del profesionalismo de la institución.

Mucho más allá de lo simbólico, Alianza País ha maltratado sistemáticamente a las FFAA de manera concreta. Las agresiones y el desprecio hacia la institución militar se suceden en diferentes ámbitos, rompiendo normativas explícitas para favorecer el ascenso de oficiales adeptos al régimen, cesando a la cúpula ante su expresión de inconformidad, reduciendo los ámbitos de acción propios a su naturaleza tales como el retiro de edecanes y de agregadurías militares, paso de los hospitales de las FFAA al Ministerio de Salud, cesión de colegios militares y liceos navales al Ministerio de Educación, creación de la SENAIN en detrimento de la Dirección de Inteligencia de las FFAA, cesión de empresas productivas al gobierno central, el incumplimiento a los aportes al ISSFA al cual adeuda más de 320 millones; y, además, la decisión unilateral y sin ningún respaldo jurídico de forzar la devolución de los 41 millones del ISSFA en el caso del parque de Los Samanes.

En contrasentido a sus funciones naturales, las últimas enmiendas constitucionales agregan tareas de orden policial y de socorrismo a las FFAA, degradando su institucionalidad y orientándolas más bien a constituirse en un aparato especializado para la seguridad interna, quizás más parecido a lo que existe en Costa Rica. Es probable que, como algunos lo sospechan, esa sea la orientación final que se le quiere dar a esta noble institución. Y lo de noble no es simple lírica, a diferencia del obscuro historial de la gran mayoría de ejércitos latinoamericanos, debe destacarse que las FFAA ecuatorianas nunca se vieron envueltas en operaciones sistemáticas de exterminio de la población civil por motivos ideológicos, como sí sucedió en muchos países de nuestro entorno en el contexto de la Guerra Fría. Aún en el potente levantamiento indígena de 1.990, las FFAA hicieron prevalecer el interés nacional, permitiendo ser retirados de puntos conflictivos en los que la masiva presencia indígena cerró carreteas, ocupó gobernaciones y controló centros poblados. Hubiese sido muy fácil que allí unas Fuerzas Armadas mal preparadas o confundidas de su rol histórico debido a la coyuntura política derive en agresiones irreversibles contra la población civil.

Se hace evidente que las FFAA estorban al proyecto político de Alianza País, quizás porque sus intentos por controlarlas desde el interior no han surtido los efectos deseados o, quizás, porque las provocaciones no han derivado en intentonas golpistas que las desacrediten como hubiese querido el gobiernismo. El hecho es que las FFAA hoy subsisten maltrechas y en entredicho, pero no totalmente sumisas al proyecto político en marcha desde hace casi una década. Por otro lado, si bien el régimen ha atacado a la institucionalidad militar, ha premiado a sus miembros con salarios y pensiones como nunca habían sido vistos. El nivel de ingresos en las filas castrenses se elevó substancialmente, lo cual merece reconocimiento, pues la carrera militar siempre ha sido un mecanismo que favorece el ascenso social de sectores preteridos y hace pensar en una mejor preparación y profesionalismo de sus miembros.

El estado de situación nacional ha llegado a un punto muerto en cuanto a la capacidad de resistencia política y social al correato. Desfilan leyes, impunidad, desvergüenza y descaro por doquier día a día, semana a semana y mes a mes. El país entero se ha quedado absorto ante tanta ilegalidad y ya no hace sino observar el acelerado descalabro nacional en medio de la necesidad de salvarse cada quien como pueda. Mientras, los políticos ya miran las elecciones y nada les preocupa más que llegar bien apertrechados a febrero de 2017; ya nadie le presenta resistencia seria al gobierno, al punto de que son minúsculos grupos ciudadanos los que han logrado en base a mística, disciplina y persistencia en las redes sociales marcar la agenda del presidente y provocar de manera efectiva al poder instituido.

De la institucionalidad nacional, no siempre firme ni desinteresada, ya no queda absolutamente nada. No existe una entidad pública que merezca la confianza de sus ciudadanos, ni que cumpla cabalmente con sus funciones establecidas. La banca está sometida ante la fragilidad y dispuesta a hacer lo que convenga con el gobierno para evitar la quiebra del sistema económico; las cámaras de empresarios están divididas dado que unos cuantos elegidos de la gran empresa, los oligopolios del país, se han beneficiado enormemente en el correato; las organizaciones sociales infiltradas, divididas y pauperizadas; una nueva clase media, en su momento aupada por el correísmo, hoy inmovilizada por el pánico de perder las prebendas obtenidas y volver a la pobreza.

En este desmadre de prepotencia y absolutismo, ¿quién en sus cabales puede esperar derrotar democráticamente este modelo político? Sería iluso hacerlo, sin embargo los políticos miran seriamente a las elecciones del 17 como la posibilidad de minar el poder de Alianza País. Incluso de que la oposición acceda a Carondelet. Cabe preguntarse con profunda responsabilidad si esa perspectiva tiene asidero en este país, hoy.

Esta pregunta nos trae de regreso al motivo de este artículo: el rol de las Fuerzas Armadas en el décimo año de gobierno de Alianza País. El artículo 158 de la Constitución de Montecristi señala a las FFAA como instituciones de protección de los derechos, libertades y garantías de los ciudadanos; y, su misión fundamental la defensa de la soberanía y la integridad territorial. Cabe preguntarse: ¿defender a los ciudadanos de quién? y el texto constitucional no da pistas de que sea exclusivamente ante injerencia externa, por lo cual esta defensa prevé sea una respuesta legítima ante todo tipo de amenazas, también las internas.

Ante la presencia de un gobierno como el presente, que continuamente resta derechos a los ciudadanos, proscribe libertades esenciales, sodomiza el sistema judicial mediante el cual reprime y encarcela, mantiene complejos sistemas de espionaje y coerción para favorecer la amenaza, la represión y el silenciamiento; un gobierno que agota todos los caminos democráticos y hunde en el pesimismo y la frustración a su población, acaso esta población no merece la protección de sus derechos, libertades y garantías?

Bueno, la Constitución ya señala quien tiene la misión de preservarlos, y es tarea irrenunciable de las Fuerzas Armadas garantizar la transparencia del próximo proceso electoral en el país. Por ello es imprescindible que mantengan su institucionalidad, verticalidad, idoneidad, objetividad y sobre todo el respeto de la ciudadanía para que tengan la fortaleza y ecuanimidad institucional de hacer que cada voto de cada ecuatoriano sea respetado. Venezuela tuvo al General Padrino López que hizo respetar la voluntad popular en un contexto mucho más difícil que el nuestro. Esperamos eso mismo suceda aquí en el 2017, al que parece ya nada puede evitar que arribemos, así sea con el bote haciendo agua por todos los frentes, porque ya nadie lo quiere timonear.

Jorge Alvear

74 POR CIENTO Y 33 AÑOS

Durante esta última semana he escuchado a varios políticos empezar a barajar seriamente nombres para las elecciones del 2017 y eso me preocupa sobremanera.

No es un conflicto sobre cuales son los nombres que se barajen ni de las tendencias a las que dicen representar, sino porque reflejan una comprensión poco realista de la situación que vivimos y creen que el 2017 es posible que las elecciones sean democráticas y que se dé una sucesión gubernamental propia de una democracia. Sospecho que esa lectura de la realidad obedece únicamente al efecto ilusorio que provocan sus legítimas expectativas personales de poder, las cuales logran ignorar a modo de cortina de humo mental esta oprobiosa realidad que vivimos.

Es que no se ha aprendido nada estos últimos años? Es que a alguien se le ocurre que esta es una democracia respetable? Es que no se quiere entender que el modelo correísta no tiene en cuenta la democracia ni respeta los procesos electorales? Es que mirar hacia Venezuela no es suficiente? Es que no se comprenden los milagros “Smart Matic” que han logrado esas maquinitas con Maduro y Dilma?

De pronto, como si viviésemos en Democracia, así, con mayúscula, hay quienes ya calculan los probables escenarios y estudian cómo hay que alinearse para enfrentar las elecciones del 2017 y alcanzar el poder, además haciendo remilgos sobre los posibles aliados siempre acorde a sus prejuicios históricos, señalando a quienes hay que marginar y quienes son admisibles para juntarse frente a la próxima justa electoral. Estos análisis se hacen sin tomar en cuenta que de nada sirve un nuevo presidente montado en una Constitución, un marco de leyes y una mega estructura burocrática diseñada para una dictadura y no para la democracia. Eso no llevaría a un cambio de modelo sino, apenas a cambiar el nombre del dictador, nada más.

Hay quienes hacen lecturas atávicas, propias de otros tiempos, recuerdan cuando aún teníamos algo de democracia y pretenden replicar transiciones gubernamentales sensatas como algunas de las pocas que vivimos en las últimas décadas. Hay que hacer comprender a esos profetas del pasado que esta realidad es diferente, que no es posible esperar un proceso democrático y transparente el 2017, que esta casta enquistada en el poder no piensa irse, que piensan quedarse por las buenas o por las malas.

Hay que echar a andar el discurso de la unidad nacional como único mecanismo para superar este autoritarismo, no es tiempo de buscarle la quinta pata al gato o de buscar afinidades ideológicas, tenemos que generar un proceso de concertación nacional que entregue un mensaje firme y decidido a Correa: o rectificas o seremos ingobernables.

La sociedad ecuatoriana tiene que unirse en el rechazo a este modelo: desde indígenas y campesinos, hasta trabajadores y patronos, desde ciudadanos hasta amas de casa, desde gente de izquierda hasta gente de derecha. Correa confía en nuestras diferencias para instalar su autoritarismo por décadas y gobernar fortificado desde el Epiclachima.

No es momento de pensar en candidatos, sino de pensar en un programa de transición que nos saque del hoyo profundo en que nos ha metido la revolución ciudadana y que nos brinde un derrotero diferente sin tener que regresar a la obscura noche neoliberal. Solo un período de transición aupado por la inmensa mayoría del país y de todas las fuerzas políticas democráticas nos permitirá desarticular el complejo entramado constitucional, legal y burocrático, estructurado por Correa para perennizarse en el poder

Es necesario concertar un plan de salida del correísmo desde la perspectiva del interés común y priorizando el fin de este modelo: ello implica dejar de lado intereses personales y proyectos ideológico-partidistas.

Hoy la unidad nacional no es una opción, sino una necesidad nacional y en ese sentido hay que aplaudir la lucidez de Fanny Campos en Pachakutik, de Compromiso Ecuador y del movimiento de unidad propuesto por tres importantes autoridades locales del país.

Todavía me dan chirinchos y se me pone la piel de gallina con el mensaje por Twitter de Patiño: “Hoy me reuní con Presidente de Angola José Eduardo Santos, quien recibió 74% de votos en elecciones del 2012, a pesar de estar 33 años en poder”

Nos unimos o dejaremos que nuestros hijos sufran la Dictadura?

Jorge Alvear