¿Y si la oposición se opusiera?

La actual situación del país resulta altamente surrealista. Una banda mafiosa apoderada de toda la institucionalidad modelando un Estado a su antojo, disponiendo por las buenas y por las malas de todos los recursos humanos y materiales existentes, para satisfacer su voraz ambición de lucro y su intrínseca necesidad de permanecer en el poder, pues su modelo acusa en su diseño la ausencia de una estrategia de finalización, llegaron para quedarse y su intención es hacerlo utilizando todos los medios, y ya no importa si son legales o ilegales, en este estado de situación incluso todo lo legal ya es ilegítimo. La cleptocracia convertida en modelo de gobierno.

¿Cómo llegamos a esto? Existen décadas regentadas por lo que se ha denominado la partidocracia en el argot del correísmo, la cual fracasó ampliamente provocando el tristemente célebre suceso de tener 7 presidentes en 11 años (si incluimos al gobierno de la primera presidenta del Ecuador Doña Rosalía Arteaga, que duró poco menos que 24 horas); también sucedió que millones de ecuatorianos migraron y perdimos nuestra moneda, el Sucre, que terminó siendo víctima en el fragor de la lucha de los grupos de poder económico por el control del Estado.

Pero también llegamos a esto por la falta de vocación democrática en nuestra casta política y en el ciudadano común, que permitió que Alianza País arrase con toda forma y decoro democrático desde el Congreso de los manteles, hasta la conformación de una Asamblea Constituyente de plenos poderes que se convirtió en una dictadura legitimada por el anhelo popular de cambio y a nombre del cual se sentaron las bases de esta trapacería.

Lo que resulta incomprensible es que ya en las elecciones de febrero 2014 Alianza País sufrió una amplia derrota en las elecciones seccionales, en las que perdió el control de las principales ciudades del país, siendo elegidos en ellas alcaldes de oposición. Ese reposicionamiento de fuerzas políticas evidenció un debilitamiento de Alianza País que hacía suponer surgiría un efectivo contrapeso a la avasalladora maquinaria gubernamental. Sin embargo esto no se dio.

Más aún, a pesar de la inusitada y masiva protesta ciudadana de junio y julio del 2015, que llegó a movilizar hasta a 500 mil personas en las calles simultáneamente en las principales ciudades del país, las autoridades locales elegidas un año antes no se sumaron a estas protestas de forma decidida. Recordemos que el año pasado Nebot convocó a una marcha a la que asistieron presumiblemente 300 mil personas, charló, dijo lo que pensaba y cada cual para su casa. Meses después dijo de que el gobierno merece apoyo en esta crisis. El caso de Rodas fue más patético: organizaciones sociales y políticas los emplazaron a que lidere las masivas protestas, que convoque a la Asamblea de Quito, pero no hizo lo uno y lo otro, únicamente se lo recuerda cuando asustado hizo un raudo paseo por la Tribuna de Los Shyris y no volvió más. Cabrera en Cuenca llamó al diálogo en lugar de la protesta.

Desde entonces hay cientos de miles y quizás millones de ciudadanos a la espera de que un líder político creíble, con prestigio, y mejor aún, si es alcalde de una de las principales ciudades del país, los convoque a las calles decididamente a expresar su inconformismo, pero nada de eso sucede. Si se mira al amplio y diverso mosaico de opositores declarados, a saber, en un breve recuento: Guillermo Lasso, Jaime Nebot, Mauricio Rodas, Guillermo Celi, Salvador Quishpe, Carlos Pérez Guartambel, Paúl Carrasco , Marcelo Cabrera, Lourdes Tibán, Cynthia Viteri, Cristina Kronfle, Andrés Páez, Ramiro Aguilar, Marlon Santi, Marcelino Chumpi, Carlos Falquez, Dalo Bucaram, Alvaro Noboa, Cristina Reyes, Diego Salgado, entre muchos otros. Incluso casi toda la bancada de Avanza en la Asamblea se ha declarado de oposición, además de tres asambleístas de AP que ya han renunciado a la camiseta verde.

Existen muchos actores políticos, gremiales y económicos que se rasgan las vestiduras jurando su decisión de acabar con el correísmo. Tanto poder vinculado a estos actores, especialmente a quienes controlan gobiernos seccionales y locales, es decir prefecturas y alcaldías, que sumadas en total representan 12 de 23 prefecturas y al menos 120 de 221 alcaldías, incluyendo a las 6 principales ciudades las que representan un total poblacional de alrededor de 7 millones de habitantes, casi la mitad de la población nacional.

Hablamos entonces de que los 6 principales núcleos urbanos del país están controlados por alcaldes de oposición, a saber: Jaime Nebot (Guayaquil), Mauricio Rodas (Quito), Jaime Cabrera (Cuenca), Víctor Quirola (Sto. Dgo. de los Tsáchilas), Agustín Casanova (Portoviejo) y Jorge Zambrano (Manta). Adicionalmente cabe recordar que estos municipios, como al resto de los gobiernos seccionales del país, llevan entre dos y tres meses de atraso en las transferencias que por ley debe realizar el gobierno central para su adecuado funcionamiento, incluso que han resignado ya parte de sus derechos económicos, al prever el gobierno central una reducción de entre 300 y 400 millones este año; y, más aún, vale recordar que el Municipio de Guayaquil incluso compró papeles del Banco Central para dar liquidez al gobierno por $ 60 millones de dólares, en lugar de destinarlo a gasto corriente u obras que sus ciudadanos merecen y necesitan.

Más aún, la situación desde junio del 2015 a la fecha se ha deteriorado severamente, lo que ha provocado que el rechazo al modelo correísta se torne cada vez más patente. Los desempleados se multiplican en una escala factorial al que crecen los acreedores del gobierno, el gobierno ya se ha tomado todos los recursos económicos disponibles en el país de los que podían echar mano ya sea de manera abierta u oculta, de manera legal e ilegal, se incrementan impuestos y aranceles, los gobiernos seccionales están meses impagos, al igual que hospitales, guarderías, el ISSFA, etc.

Alianza País estalla en conflictos internos y las evidencias de corrupción eclosionan por doquier, paralelamente se pasan leyes una tras otra de manera inverosímil, el redil de levantamanos funciona impecable en su tarea de hundir jurídicamente al país, se agotan progresivamente todos los espacios de protesta, las redes sociales son combatidas y constantemente amenazadas, la impotencia se apodera de la ciudadanía que no encuentra eco a sus angustiosas demandas en ningún estamento.

En este punto de elevada descomposición, cabe preguntarse ¿ qué sucedería si la oposición se opusiera? Si los alcaldes exigieran sus presupuestos, si convocaran a una rebeldía tributaria, si llamaran a las calles a sus ciudadanos y si apoyasen una paralización obrero – patronal en sus territorios?. Si los poderes locales de oposición decidieran colapsar este gobierno, lo lograrían con relativamente poco esfuerzo concertado, pero no sucede. No existen visos de que esa voluntad exista. ¿Acaso no es urgente exigir al gobierno central un camino democrático para retornar a la democracia plena?

Esta pirotecnia entre correístas y oposición tiene tanto de realidad como el dinero electrónico. Son puro cuento. ¿Existen reales opositores políticos?, ¿Quién defiende a los ciudadanos?, ¿A quién le preocupa el país?…

Jorge Alvear T.

 

 

 

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